Jardines zen

Construcción de jardines zen
Realización e instalación de jardines zen (jardines secos) de cualquier tamaño, desde los de sobremesa hasta los que ocupan grandes superficies exteriores.
La construcción se ejecuta respetando la orientación y las estrictas proporciones tradicionales japonesas, tanto del jardín en sí, como de las rocas y trazados en las gravas.
Existe una gran diversidad de tipos de rocas y gravas para la construcción del jardín seco.
Encargos bastante habituales, suelen ser los pequeños jardines zen secos interiores (para antesalas, salones, patios de comunidades, etc.), con tamaños que oscilan entre uno y dos metros cuadrados.
Si dispones de un pequeño espacio donde ubicar tu jardín zen, contacta con nosotros a través de la sección CONTACTO de esta web por cualquiera de las vías disponibles, te explicaremos todo con más detalle y te prepararemos un presupuesto.
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Tu jardín zen kare sansui
Para la construcción de los jardines zen seguimos diversas pautas obtenidas del análisis de los más bellos jardines secos japoneses.
Cuando creamos un jardín zen para ti, hacemos una configuración inicial siguiendo las complejas proporciones japonesas y, a la vez, de forma inevitable, aplicando nuestro propio gusto estético. Sin embargo, una vez instalado, podrás transformarlo a su antojo siguiendo las instrucciones que te facilitaremos. Un jardín zen es un lugar de meditación (además de muchas otras cosas), y en él se refleja el estado de ánimo de quien lo trabaja. Por tanto, el jardín zen no es un elemento estático ni mucho menos definitivo, sino que necesita transformaciones para estar en armonía con nosotros (y nosotros con él).
Significado de Kare Sansui 枯山水 (Karesansui)
El primer kanji es 枯 ("kare"). Tiene varios significados pero el más apropiado sería seco o secar.
El segundo es 山 ("san"). Es el kanji de montaña ("yama"), pero en este caso se toma como "san", igual que la montaña más famosa de Japón, "Fuji-san" también llamada erróneamente "Fuji-yama".
Y el tercer kanji es 水 ("sui"), que significa agua ("mizu"), pero que se pronuncia "sui".

Visión del jardín seco en la cultura japonesa
Hay muchos tipos de jardines en Japón que podrían resumirse en tres grandes grupos: el de la casa de té, al que se accede por un camino de piedras rodeado de plantas, árboles y agua; los jardines verdes que pueden ser grandes como bosques y suelen rodear grandes mansiones, como el Palacio Imperial de Tokio; y los jardines secos (kare sansui), también llamados de piedra (sekei tei), que en tan sólo unos metros cuadrados, a base de grava y rocas diseminadas, engloban los principios fundamentales del arte y la filosofía japonesas. Aunque aparentemente sencillos, los jardines más difíciles de diseñar son los de piedra. Los más bellos se pueden visitar en los templos de Kyoto, donde fueron concebidos como instrumento de meditación para los monjes zen. "Estos recintos están despojados de toda suntuosidad; la grandeza reside en las cosas simples," afirma Shigemori. El más conocido de los kare sansui es el jardín seco del templo Ryoan-ji, creado en 1473. En unos pocos metros cuadrados están dispuestas quince rocas en varios grupos, colocadas sobre un "mar" de grava rastrillada.
El arquitecto japonés Nobuhiro Nishio resume así algunas de las interpretaciones más habituales para los jardines secos:
"La tradición popular dice que las rocas representan a un tigre cruzando el río con sus cachorros. Otra teoría interpreta el jardín como los picos de las montañas japonesas asomando por encima de las nubes. Algunos opinan que las rocas son islotes en el inmenso mar".
Todos los jardines japoneses están diseñados para ser contemplados desde el interior de la vivienda.
"El jardín se incorpora a la estructura de la casa, que no tiene muros como en Occidente, sino paneles de papel que se desplazan para dejar a la vista el jardín. El flujo es continuo, incluso el propio jardín está limitado por setos o pequeños muros escalonados que lo comunican con el exterior".
Por lo tanto, metafísicamente hablando, los jardines se distinguen unos de otros, pero también se diferencian físicamente. Son asimétricos, como lo son el mundo y la naturaleza. Si fuera simétrico, el jardín no invitaría al hombre a participar, a formar parte de ese universo utópico.
"No hay que olvidar que el jardín zen fue creado básicamente como un instrumento para la meditación. En las culturas orientales, meditar supone lograr la captación directa de la realidad, sin que el pensamiento actúe como intermediario. El lenguaje y el pensamiento alteran la realidad modificándola. Son mecanismos que hemos creado para entender lo que nos rodea. Lo que pretende el zen a través de los jardines es precisamente mostrar que la realidad no debe ser entendida desde el pensamiento sino desde lo que se ha dado en llamar la intuición pura".
"El rastrillado de la grava alrededor de las rocas simboliza, además de las olas alrededor de los islotes [o quizá del archipiélago que es Japón], las ondas que se producirían en la superficie de un lago si cayera una gota de agua. De la misma manera que la gota altera la superficie lisa, el pensamiento acude a la mente para interpretar esa realidad. Es entonces cuando la modifica".
La mentalidad occidental, que es tan pragmática, no entiende que un jardín sea hermoso si no tiene flores; para la mentalidad japonesa un jardín es bello cuando las hojas empiezan a marchitarse. Los japoneses utilizan mucho los arces en sus jardines. El continuo cambio de color de sus hojas durante el otoño sirve como estímulo para la meditación. El concepto de cambio, de caducidad es para ellos realmente bello.
En otras interpretaciones más filosóficas, las rocas del jardín zen representan los obstáculos o las experiencias de la vida, mientras que los surcos pueden simbolizar los diferentes caminos que emprendemos en ella.
Las rocas desafían al tiempo. La piedra es inmutable (al menos en la escala temporal de los hombres) y casi indestructible.
La grava (y especialmente la arena) sin rastrillar se asocia a la inmensidad; rastrillada, como ya hemos indicado, representa el océano, pero también la ausencia de pensamientos.

